Aquí te espero

De el mar Egeo y Las Omañas

Publicada en Publicada en El Filandón

Las historias con final triste tienen algo especial. Y durante muchísimos años nos pareció la historia más triste de todas la del rey Egeo.

Vivía en la isla de Creta un ser formidable llamado el Minotauro, mitad hombre-mitad toro. Vivía en un laberinto (esto es absolutamente verídico porque  hemos estado en él), y para aplacar su ira y su sed de sangre exigía todos los años un tributo de jóvenes al reino vecino del rey Egeo, que lógicamente estaba desesperado.
Pero Teseo, hijo del rey, se propuso acabar con él, y pidió a su padre que le dejara ir entre esos  jóvenes. Su padre le deseó suerte, y convino que puesto que se pasaría los días mirando al mar esperando su vuelta, le pidió que el barco que le trajera a casa pusiera velas blancas si había triunfado y negras (las habituales) si no había tenido éxito.
Teseo, ayudado por Ariadna y su hilo, terminó con el Minotauro, pero al volver se le olvidó cambiar las velas, y su padre, al verlas y pensando que su hijo había fracasado y muerto, no pudiendo soportarlo se suicidó arrojándose al mar, mar que desde entonces lleva su nombre, el Mar Egeo.
Qué crudeza la fatal equivocación.
Hace poco nos hemos enterado de una historia de las Omañas que nos lo ha recordado.
A Antonio G. F. le gustaba ayudar a su padre en la fragua de El Castillo, Omaña, pero lo que de verdad le gustaba era volar. Y con tesón y constancia lo consiguió. En la Guerra Civil luchó en el bando republicano, a bordo de un avión llamado “Aquí te espero”.
El 25 de septiembre de 1936 cayó derribado por un caza enemigo, muriendo la mitad de la tripulación al estrellarse el aparato. Pero Antonio tuvo la suerte de sobrevivir. Al salir de entre los hierros vio a unos soldados acercarse. Eran de su propio bando, eran sus compañeros, pero Antonio, tal vez aturdido por el golpe, no reconoció los uniformes, y antes que ser cogido vivo por los que creyó sus enemigos, decidió pegarse un tiro poniendo fin a su vida.

Pd: el código de colores de las velas de Teseo nos recuerda a Gorete, de Lillo. En otra ocasión contaremos su historia también.

Pd2: de ley es citar las fuentes cuando se conocen. De esta triste historia nos enteramos por el Diario de León.

Pd3: No hemos pedido permiso a posibles familiares para contar esta historia. Al haberla leído en un periódico, damos por hecho que es pública. En todo caso, escrita está desde el mas absoluto respeto.

 

EgeoAntonioOmaña


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *